| Профиль пользователя OSKISHOSKISHФотографииБлогСписки | Справка |
|
апреля 22 comportamiento social y sexual. EN JAPONENJO KOSAI En el Wall Street Journal Interactive Edition de hoy, 15/10/99, hay un artículo relativo a la prostitución de las escolares en Tokyo. Se refiere a las prácticas de las chicas por encima de doce años que para conseguir un dinero extra para comprar ropa de moda, complementos como bolsos de marca, hacer viajes o salir el fin de semana con el grupo de amigas, se valen de sus teléfonos móviles y a veces de organizaciones creadas en torno a este tema, para concertar citas con hombres y ejercer algo que roza la prostitución. Una de las formas para conseguirlo es relacionarse con un terekura, algo así como un club telefónico de conversaciones a dos. Las chicas llaman a un número gratuito que se anuncia en los alrededores de las escuelas, y hablan con hombres, que si pagan la llamada. Los propietarios de los teléfonos, que según todos los indicios tienen relación directa con la yakuza, la mafia japonesa, alegan que solamente "facilitan" las citas y que no ejercen proxenetismo ni alientan a la prostitución, ilegal desde 1958. Parece que el número de chicas afiliadas a estos clubs es muy alto. Otras chicas simplemente dejan su número de teléfono móvil o de buscapersonas o poke beru*, en las cabinas telefónicas o cualquier lugar donde puedan encontrarlos sus "amigos" potenciales, de la misma forma que uno encuentra por las mañanas cientos de pegatinas de servicios sexuales telefónicos o propaganda de sopurando, etc. Las estadísticas más optimistas dicen que entre un 8 y un 10 por ciento de las chicas entre 12 y 18-20 años han tenido al menos una cita con un sarariman por estos medios. Las más pesimistas hablan de un 25 por ciento. Es elemental hacer números y averiguar una cifra que nos deja perplejos. La polémica está abierta en la sociedad japonesa aunque parece suscitar más curiosidad en el extranjero. En cualquier caso sigue siendo frecuente ver a las chicas, con sus uniformes de colegio, seraafuku, en las zonas de discotecas y locales de diversión, los sábados y domingos por la noche, obviamente, fuera de horas de clase. Es un apreciado fetiche para los varones japoneses y parece que con ellos se consigue más fácilmente una invitación a una copa y... algo más. Las citas suelen incluir un paseo hasta un local de moda, preferentemente con karaoke, tomar unos refrescos, porque la edad para beber alcohol o fumar se fija en los 20 años, cenar y luego acudir a un rabu hoteru, un hotel del amor, que es el eufemismo usado para referirse a los hoteles que alquilan habitaciones por horas para encuentros, la mayoría de las veces, sexuales. Me han comentado cifras de entre veinte y cuarenta mil yenes por cada "encuentro", variando según diversos factores, y siempre con las consumiciones y cena aparte, pagadas también por el "amigo" ocasional. La finalidad perseguida por las chicas suele ser siempre la misma. Las chicas de su grupo de amigas llevan bolsos "Louis Vuiton", "Loewe", ropa de marca, etc. Y para estar a la altura de las circunstancias hay que conseguir ingresos adicionales, ya que los padres pueden no estar de acuerdo en financiar estos caprichos. Pero como estar "apeado" de un grupo es de las peores cosas que puede ocurrir en Japón, están dispuestas a hacer este "sacrificio", aunque casi ninguna lo ve como tal. No parece detectarse ningún sentimiento de culpabilidad o de estar realizando una actividad punible o, simple y llanamente, prostitución. Los argumentos para justificar su conducta traslucen la permisividad en el terreno sexual y el distanciamiento y falta de diálogo con la familia y la falta de confianza en uno mismo y problemas de personalidad que impregnan la sociedad japonesa. Esta práctica venía observándose desde hace años por la sociedad y las autoridades, con curiosidad al principio y franca preocupación después, aunque son reluctantes a admitir abiertamente que tal problema exista, como lo son en general a hora de airear y reconocer los trapos sucios propios, que no los ajenos VIRGIN CREAM En el año 1.993 una empresa japonesa comercializó con gran éxito un cosmético llamado "Virgin Cream". Ejerce una acción sobre la melanina de la piel, aclarando el tono de la misma. Entre las japonesas no suele estilarse tomar el sol al modo occidental con idea de broncearse. Aparte de problemas por piel delicada, en general estaba considerado de mal gusto lucir una piel morena. Quizá esta idea venga de tiempos pasados donde una piel morena era signo de trabajo a la intemperie, de campesino, mientras que una piel blanca implicaba el refinamiento que da la buena posición. Es muy frecuente encontrar japonesas que llevan sombrillas en sus desplazamientos cotidianos incluso en días de sol suave. Y en el idioma, al igual que en castellano, se diferencia el paraguas de la sombrilla. Lo curioso de Virgin Cream, es que su aplicación se hace en la aureola mamaria para aclararla y conseguir un tono suavemente rosado, que entre los japoneses se asocia a unos senos de virgen, como si el contacto sexual contribuyera de alguna forma a oscurecer la piel. MERCADO DE BURUSERA El sexo y lo relacionado con él es motivo de transacción y negocios multimillonarios en todo el mundo. En Japón, hacia 1985 floreció un curioso negocio que reportaba pingües beneficios con un mínimo de inversión. Habría que explicar en primer lugar, que en lo que se refiere a fetichismo, un amplio porcentaje de los hombres japoneses se sienten inclinados hacia los uniformes de colegio de las chicas, seeraa-fuku*, los de enfermera y los de azafata. Asimismo son personajes típicos en los mangas de alto contenido sexual que suelen leerse en los trenes camino del trabajo. Las razones de por qué el uniforme de colegio femenino despierta esta reacción fetichista las desconozco completamente. Además en Japón hay un alto grado de seguridad ciudadana y raras veces son molestados los niños y niñas camino del colegio. Como mencionaba un autor: "es una cuestión de orgullo y honor nacional". El atisbo fugaz de unas bragas, que tiene su propio vocablo: panchira, capta la atención de los hombres japoneses. En el metro, por las escaleras, en los parques... cualquier sitio puede ser bueno para un panchira, una pequeña gratificación visual. Hace dos años vi un programa en la televisión japonesa dedicado al panchira, sus posibles escenarios, las estrategias para mirar a hurtadillas unas bragas, con mujer dentro, y las formas en que éstas lo evitan, o no, ya que son tremendamente conscientes de ello. El programa se emitía por la noche, en una franja horaria de máxima audiencia y, aun con un cierto toque de humor y desenfado, era una guía completa y exhaustiva para el aficionado a panchira. Muchas chicas japonesas se han extrañado de que "desaprovechara" buenas oportunidades de echar una ojeada furtiva a alguna mujer despistada, y me lo han hecho notar con curiosidad, haciendo ellas mismas las comparaciones con el comportamiento de sus conocidos japoneses en la misma situación y cuál habría sido su reacción. Pasaban en la televisión un anime de un equipo de baloncesto en el que la estrella, cuando le flaqueaban las fuerzas en lo más duro de un partido, pedía a su chica que le enseñara las bragas. Esto hacía en Chicho Terremoto, que así se llamaba el personaje, el mismo efecto que las espinacas en Popeye. Igual ocurre en tantos otros animes que sería innecesario enumerar, en que los personajes son muy conscientes de la visión fugaz de la ropa interior o la desnudez completa. En Ranma 11/2, el maestro Chen es el terror de las chicas que tienden su ropa interior en las terrazas y balcones. En las noches que el maestro Chen está inspirado sale con su saco y saltando de tejado en tejado, va sustrayendo la bragas y sujetadores que pasan a su ya nutrida colección. Y algunos amigos japoneses me comentaron que además de por una cuestión de estética en las fachadas de los edificios de apartamentos que solía preocupar a los propietarios, era mejor tender la ropa y en especial la interior femenina, dentro de la casa, para evitar desapariciones, relativamente frecuentes. Entre los varones japoneses tiene bastante éxito el estereotipo de chica con voz aniñada, comportamiento infantiloide y totalmente dependiente del hombre y sometida a él. Para comprobar esto no hay más que ver la televisión una tarde y tomar unas notas. De hecho el modelo de mujer fuerte, segura de sí misma, suele descuadrar a muchos hombres japoneses que no están acostumbrados a un comportamiento asertivo en general y menos todavía entre las mujeres. La señora Doi, Secretaria General del Partdo Socialista japonés debía provocar escalofríos y pesadillas entre sus colegas de partido, lo mismo que la señora Golda Meir, cuando presidía el Consejo de Ministros israelí fumándose un puro, en bata de andar por casa. Para las clases de gimnasia en los colegios se utiliza el llamado buruumaa**, pantalones cortos azules ajustados. Símbolo igualmente de las adolescentes. Así que si ponemos a una chica con estas características en un uniforme de colegio la mezcla será explosiva. Algunos piden a sus parejas o a profesionales que se vistan con estos uniformes para una relación sexual. Otros dan el paso final para tener relaciones con chicas muy jóvenes , que desean unos ingresos extra a cambio de algún servicio de compañía y sexual. Pero si no se dan las circunstancias favorables para cumplir esta fantasía sexual hay un último recurso que entra de lleno en el terreno fetichista. Y aquí es donde un avispado hombre de negocios japonés decidió emprender una actividad dirigida a una clientela ávida de novedades y sensaciones fuertes, que pudieran satisfacerse sin riesgos: vender seeraafuku, buruumaa y ropa interior de chicas... usada. La chica compra sus braguitas en cualquier comercio a un precio de unos 100 yenes. Las lleva durante un día o dos, se dirige al apartamento donde está la tienda de burusera, se las quita allí mismo y las vende después al propietario por unas diez veces ese valor. Este puede colocar ahora la mercancia en sus estanterias, nunca por menos de 2.000-3.000 yenes. Según el tiempo durante el cual ha sido llevada la prenda, su cotización es mayor. Asimismo se incrementa según las manchas y aromas. Incluso se conservan en cajas de celofan transparente para su mejor conservación, etiquetándose convenientemente dando noticia del tiempo de postura: "dos días", "tres días", "una semana..." . Algunos clientes aprecian especialmente las que tienen restos de sangre menstrual o heces. También es práctica común adjuntar una fotografía de la chica, lo cual añade una referencia icónica al elemento fetichista de la ropa interior y también sube el precio. Procedimiento semejante se sigue con los buruumaa y los seeraafuku. Cuanto más conservador y prestigioso es el colegio al que pertenece el uniforme más valor tiene por despertar mayor morbo en el comprador. Así ropa interior, uniformes de colegio y ropa de gimnasia va llenando las estanterias de estas pintorescas tiendas, alojadas con frecuencia en apartamentos céntricos o de distritos de actividades relacionadas con el sexo. Parece ser que las jóvenes tienen un deseo compulsivo de ir a la última moda y llevando ropa y complementos de marca, que no pueden permitirse con la asignación económica recibida de sus padres. Si el resto de las chicas del grupo poseen un bolso de piel europeo, por ejemplo, la que no lo tiene se considera ella misma excluída del grupo, cosa poco aconsejable en Japón y que genera gran inseguridad en los individuos. Algunas adolescentes piensan que es un sistema para conseguir dinero extra menos problemático que el *enjo-kosai, las citas con hombres ofreciendo compañía y servicios sexuales. Las ganancias son menores a corto plazo pero se evitan complicaciones colaterales y no se roza el delito de prostitución que puede ser castigado por las autoridades. Por más que el vendedor y el cliente de burusera se muevan en un ambiente de confidencialidad, casi de clandestinidad, sin embargo es un negocio que genera altos beneficios con una inversión y riesgo nulos. Se comenta que el perfil del cliente corresponde a un sarariman, un asalariado de empresa o incluso cuadros directivos medios y altos. Lo que se conoce en literatura anglosajona como un white collar, un trabajador de cuello blanco. Un inconveniente ha surgido. Los chicos quieren también conseguir dinero y han elegido un pintoresco medio: robar la ropa interior a las chicas, a veces a punta de navaja _______________________________________________________________ En el Wall Street Journal Interactive Edition de hoy, 15/10/99, hay un artículo relativo a la prostitución de las escolares en Tokyo. Se refiere a las prácticas de las chicas por encima de doce años que para conseguir un dinero extra para comprar ropa de moda, complementos como bolsos de marca, hacer viajes o salir el fin de semana con el grupo de amigas, se valen de sus teléfonos móviles y a veces de organizaciones creadas en torno a este tema, para concertar citas con hombres y ejercer algo que roza la prostitución. Una de las formas para conseguirlo es relacionarse con un terekura, algo así como un club telefónico de conversaciones a dos. Las chicas llaman a un número gratuito que se anuncia en los alrededores de las escuelas, y hablan con hombres, que si pagan la llamada. Los propietarios de los teléfonos, que según todos los indicios tienen relación directa con la yakuza, la mafia japonesa, alegan que solamente "facilitan" las citas y que no ejercen proxenetismo ni alientan a la prostitución, ilegal desde 1958. Parece que el número de chicas afiliadas a estos clubs es muy alto. Otras chicas simplemente dejan su número de teléfono móvil o de buscapersonas o poke beru*, en las cabinas telefónicas o cualquier lugar donde puedan encontrarlos sus "amigos" potenciales, de la misma forma que uno encuentra por las mañanas cientos de pegatinas de servicios sexuales telefónicos o propaganda de sopurando, etc. Las estadísticas más optimistas dicen que entre un 8 y un 10 por ciento de las chicas entre 12 y 18-20 años han tenido al menos una cita con un sarariman por estos medios. Las más pesimistas hablan de un 25 por ciento. Es elemental hacer números y averiguar una cifra que nos deja perplejos. Las citas suelen incluir un paseo hasta un local de moda, preferentemente con karaoke, tomar unos refrescos, porque la edad para beber alcohol o fumar se fija en los 20 años, cenar y luego acudir a un rabu hoteru, un hotel del amor, que es el eufemismo usado para referirse a los hoteles que alquilan habitaciones por horas para encuentros, la mayoría de las veces, sexuales. Me han comentado cifras de entre veinte y cuarenta mil yenes por cada "encuentro", variando según diversos factores, y siempre con las consumiciones y cena aparte, pagadas también por el "amigo" ocasional. La finalidad perseguida por las chicas suele ser siempre la misma. Las chicas de su grupo de amigas llevan bolsos "Louis Vuiton", "Loewe", ropa de marca, etc. Y para estar a la altura de las circunstancias hay que conseguir ingresos adicionales, ya que los padres pueden no estar de acuerdo en financiar estos caprichos. Pero como estar "apeado" de un grupo es de las peores cosas que puede ocurrir en Japón, están dispuestas a hacer este "sacrificio", aunque casi ninguna lo ve como tal. No parece detectarse ningún sentimiento de culpabilidad o de estar realizando una actividad punible o, simple y llanamente, prostitución. Los argumentos para justificar su conducta traslucen la permisividad en el terreno sexual y el distanciamiento y falta de diálogo con la familia y la falta de confianza en uno mismo y problemas de personalidad que impregnan la sociedad japonesa. Esta práctica venía observándose desde hace años por la sociedad y las autoridades, con curiosidad al principio y franca preocupación después, aunque son reluctantes a admitir abiertamente que tal problema exista, como lo son en general a hora de airear y reconocer los trapos sucios propios, que no los ajenos
La polémica está abierta en la sociedad japonesa aunque parece suscitar más curiosidad en el extranjero. En cualquier caso sigue siendo frecuente ver a las chicas, con sus uniformes de colegio, seraafuku, en las zonas de discotecas y locales de diversión, los sábados y domingos por la noche, obviamente, fuera de horas de clase. Es un apreciado fetiche para los varones japoneses y parece que con ellos se consigue más fácilmente una invitación a una copa y... algo más. Arturo Escandón, periodista afincado en Osaka, dedica un artículo en su página sobre las medidas tomadas por las autoridades policiales Gaceta Nipona: Enjo. El Sr. Okada Masaki mantenía una extraordinaria página, Japan as it is..., que desapareció por motivos de trabajo, un traslado al extranjero, y que espero pueda continuar en el futuro. De ella, y en espera de poder contactar nuevamente con él, quiero reproducir dos artículos que escribió sobre este asunto y, en palabras suyas, fueron para su sorpresa los más visitados y polémicos de cuantos publicó.
Комментарии (1)Чтобы добавить комментарий, войдите с помощью идентификатора Windows Live ID (если используется учетная запись служб Hotmail и Xbox LIVE или программы Messenger, у вас уже есть идентификатор Windows Live ID). Войти Нет идентификатора Windows Live ID? Зарегистрироваться
Обратные ссылкиURL-адрес ссылки на эту запись: http://alfaomeganime.spaces.live.com/blog/cns!553E64D7C5A774C7!177.trak Блоги, ссылающиеся на эту запись
|
|
|